A SOLITARY WALK FROM SOUTHERN SPAIN TO TURKEY, EXPLORING
MEDITERRANEAN VALUES AND TRADITIONS THAT ARE IN DANGER OF EXTINCTION.

CROSSING THE ALPUJARRAS

(Texto español abajo)

After a hectic four weeks of walking, writing, interviewing, editing and dealing with all manner of logistics, I am finally slowing down.

I have no choice - crossing the mountains of Sierra Nevada on foot can't be done in a hurry. Yesterday was monstrous: 26 kilometres of a hard trek across punishing ups and downs in a rocky terrain better suited for mountain goats than an old man like myself. It took eight hours, interminable eight hours that seriously tested my resolve. You can't imagine how deliriously happy I was to reach my destination in Bérchules!

Today, after a much easier 20km walk through the valleys of Las Alpujarras, I feel the after effects - my legs weigh a ton each and every little move hurts. At the same time, I feel a tremendous sense of achievement.

As I walked through the most difficult parts of the mountain ranges, I consoled myself by thinking of those who took the same path for hundreds of years, without proper shoes (actually, mine are not terribly proper either) or a hot bath in a lovely hotel after a gruelling day.

I was walking on GR7, an ancient route that traverses the whole of Europe and was once used by travellers, merchants, pilgrims, bandits, people invading and people fleeing the invaders... I imagined Spanish soldiers in the 16th century, marching for weeks through this inhospitable landscape in their armour, carrying supplies and arms while dodging the arrows of the Moorish inhabitants of the region (Las Alpujarras were the Moors' last stand in Spain).

I may not sympathise with the Christian soldiers' cause or actions, but I now have a new-found respect for their strength and determination. They make my epic effort look like a leisurely walk in a park.

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Después de cuatro semanas muy ajetreadas, caminando, escribiendo, entrevistando y haciendo frente a todo tipo de problemas logísticos, he decidido bajar el ritmo. No hay más remedio –no se puede atravesar a pie las montañas de Sierra Nevada con prisa.

Ayer fue terrible: 26 kilómetros de subidas y bajadas por un terreno rocoso más apropiado para cabras montesas que para un viejo como yo. Tardé 8 horas, 8 interminables horas que pusieron seriamente a prueba mi determinación. No podéis imaginar mi felicidad cuando llegué a mi destino: Bérchules.

Hoy ha sido mucho más sencillo, caminé 20 kilómetros a través de los valles de las Alpujarras, pero aun así siento que mis piernas pesan una tonelada, y me duelen a cada paso. Aunque, al mismo tiempo, siento una enorme satisfacción.

Mientras caminaba a través de las partes más escarpadas de la cordillera, me consolé pensando en los que tomaron el mismo sendero hace cientos de años, sin calzado adecuado (aunque el mío tampoco es gran cosa) o un baño caliente en un maravilloso hotel después de un día agotador.

Estaba caminando por GR7, una antigua ruta que atravesaba toda Europa y que era utilizada por viajeros, comerciantes, peregrinos, bandidos, invasores... y personas que huían de los invasores; me imaginaba a los soldados españoles del siglo XVI marchando, semana tras semana, a través de este paisaje inhóspito, con sus armaduras, cargando suministros y armas mientras esquivaban las flechas de los árabes (en las Alpujarras se libró la última batalla entre moros y cristianos en España).

No puedo simpatizar con la causa de los soldados cristianos, ni con sus acciones; pero respeto su fuerza y determinación. Hacen que mi esfuerzo épico parezca un agradable paseo por el parque.


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